A instancias de la Fundación J. Llorenç Artigas, un grupo de escultores decide rendir homenaje conjunto a la figura del artista y poeta ya desaparecido, amigo de todos, Joan Brossa, creando cada uno una obra escultórica.

El motivo elegido por unanimidad para llamar a la inspiración procede de una colección de poesías breves de este singular creador: “El Saltamartí” –en castellano tentempié–  palabra que Brossa define en el primer poema del libro con una analogía entre el objeto y “el pueblo” de extraordinaria lucidez y humor.

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Saltamartí

Ninot
que porta un
pes a la base i que,
desviat de la seva posició
vertical, es torna a posar
dret.

El poble.

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(*) Muñeco que lleva un peso en la base y que, desviandose de su posición vertical, se vuelve a poner derecho. El pueblo.


En efecto, no parece haber sacudida de la que el pueblo no acabe levantándose.

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En un comienzo, Robert Llimós crea tres diferentes figuras a manera de aproximación al propio Brossa. La primera camina, la segunda lleva sus zapatos, la tercera mira al cielo. Remodela la última. La hace crecer de escala.

La inestabilidad propia de la pieza sugiere a Llimós alejarla de base firme, reparar en un material inusitado, hacerla flotante. El saltamartí salta al agua transformado y rebautizado en MIRAESTELS, y los materiales habituales de las esculturas ceden el paso a la fibra de vidrio y resina de poliéster de las embarcaciones náuticas.

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MIRAESTELS termina por guardar entre sus manos, escondida tras de sí, una estrella que ha capturado en sueños.

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Meciéndose en sus aguas, MIRAESTELS es un emblema mágico de esa encantadora Barcelona, primer puerto del Mediterráneo, que tanto gusta al mundo.

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