Cómo hacer jabón casero o natural

Si deseas reducir tu huella ecológica, debes saber cómo hacer jabones caseros. Si, además, deseas ahorrar, te vas a sorprender cuando sepas que puedes aprovechar el aceite de cocinar que haya sido usado muchas veces o se haya impregnado de aromas como puede ser el de pescado para hacer un jabón para la colada o para fregar los platos, y libre de olores.

Y, si tu piel es delicada o no toleras algunos jabones comerciales por sus excipientes, te gustará saber que puedes preparar tus propios jabones artesanos, libres de colorantes y de perfumes si son los causantes de tus problemas.

El mundo del jabón artesanal es adictivo porque se pueden emplear moldes de silicona para darles formas de lo más variadas, colorantes y aromas, aunque siendo fieles a la vida sostenible lo mejor es dejar que nuestros jabones caseros adopten el color que les corresponda por su composición y añadir solo los aceites esenciales o extractos vegetales con propiedades que puedan ayudar a nuestra piel o a nuestro cuero cabelludo.

Lavanda, caléndula, avena y manzanilla suelen ser los activos con los que enriquecer los jabones artesanos destinados a las pieles más sensibles o reactivas, lo que no quita que siempre debas hacerte una prueba de alergia. 

No sé mucho sobre química: ¿por dónde empiezo? 

Aunque vayas a hacer jabones naturales en casa, se producirán reacciones químicas que liberarán gases tóxicos y mucho calor, con riesgo de explosión si no vas con cuidado, excepto con el método de fusión y vertido en moldes. Así que lo primero es tu seguridad y la de los tuyos.

Para hacer jabones caseros debes disponer de un espacio abierto o una buena campana extractora, bata, guantes de látex y unas gafas que protejan los ojos de posibles salpicaduras de productos corrosivos o muy calientes. También necesitas papel de tornasol para estimar el pH de tus jabones y saber cuándo están listos. No obstante, ahora hay calculadoras de saponificación disponibles online de forma gratuita, que ayudan mucho con el proceso.

Los tres métodos para preparar jabones naturales son el melt and pour (fundido y vertido), la saponificación en frío y la saponificación en caliente.

Hacer jabón con el método de fundido y vertido

Con el método de fundido y vertido en realidad no estás haciendo jabón ni reaprovechando los restos de aceite del hogar, aunque puede servir para preparar jabones enriquecidos con extractos vegetales y darles formas preciosas. El proceso es tan sencillo como derretir en el microondas o al baño maría jabón de glicerina blanco o translúcido que se compra en barras, esperar a que enfríe hasta cierta temperatura y, antes de solidificar, añadir los aceites esenciales y lo que desees (por favor, no añadas purpurina, es altamente contaminante), verter con cuidado en los moldes de silicona y esperar un día o unas horas a que enfríe y solidifique por completo. Desmoldas y ya están listos tus jabones caseros.

Hacer jabón mediante saponificación en frío

La saponificación en frío ya es una forma de elaborar jabón de verdad, y suele ser menos peligrosa para los novatos. Ofrece jabones más suaves, aptos para ser usados en la higiene diaria, aunque requiere una maduración de 4 a 6 semanas desde que se desmoldan las barras de jabón. El pH final del jabón ya curado rondará el valor de 9.

Por un lado, calientas el aceite que vayas a reutilizar hasta unos 65-70º C. Por otro lado, debes mezclar la cantidad de agua destilada que te haya indicado la calculadora de saponificación en función del aceite que vayas a utilizar y, bien protegido, vas añadiendo muy poco a poco la cantidad de sosa cáustica que la misma calculadora te haya marcado. Al mezclar el agua y la sosa, se liberarán entonces vapores tóxicos y la mezcla se calentará. Ten cuidado de no quemarte y jamás viertas toda la sosa de golpe, o podría producirse una explosión si estás haciendo cantidades grandes de jabón. También podría hervir el agua por el efecto de la sosa y salpicarte una disolución muy alcalina. Ve removiendo con una varilla de vidrio según vas añadiendo la sosa.

Ahora debes esperar a que los aceites alcancen unos 40º C y la solución de sosa también, nunca debe bajar de 30º C, y vas añadiendo la fase acuosa poco a poco al aceite, removiendo después con una batidora de mano. Cuando alcances el punto de traza (textura algo espesa, como de natillas), es cuando añades las esencias, aromas y lo que desees.

Después de mezclar bien, vierte el resultado en un molde de silicona, tápalo con papel film y después abrígalo con trapos de cocina para que el jabón se enfríe muy poco a poco. A las 24-48 horas podrás desmoldar el jabón, pero se recomienda una curación de 4 a 6 semanas para que alcance un pH adecuado.

Hacer jabón mediante saponificación en caliente

Sobre la saponificación en caliente, se procede igual que con la saponificación en frío pero se realiza la mezcla de fases a elevadas temperaturas, en un horno o con dos ollas. Se obtiene un jabón de propiedades diferentes, que requiere de más experiencia para que no se eche a perder durante la reacción química. No existe una única manera de llevar a cabo la saponificación en caliente, y requiere de ir deshaciendo el jabón a medida que se va gelificando, para complicar un poco más el asunto.

La mayoría de los jabones artesanales se elaboran mediante saponificación en frío, y es el método que más recomendamos para hacer en casa, sobre todo si eres principiante.

Guiémonos por la filosofía de Miraestels, buscando conectar con el medio que nos rodea incluso más allá de las estrellas. Utilizar jabón natural nos acerca a una forma de vida más sostenible y es uno de los primeros pasos para conservar mejor nuestro mundo.

 

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