El perdón

El icónico Miraestels de Robert Llimós, con su vigilante mirada hacia el cielo, nos invita a reflexionar sobre las grandes cuestiones que nos plantea el cosmos: su origen, su significado y el sentido de todo cuanto nos rodea. La serenidad que nos transmite y que nos conmueve ya es una respuesta, el basamento sobre el que construiremos nuestro espíritu y que nos permitirá, desde la paz interior, integrarnos armónicamente en el universo. Esa paz interior ha de nacer de la renuncia a nuestras pasiones, y el primer paso es la eliminación de todo resentimiento: el perdón, para los demás y para nosotros mismos.

Qué es el perdón

Perdonar es la mayor muestra de libre albedrío del ser humano, una opción de renuncia a toda compensación por las ofensas que se hayan podido recibir. La acción de perdonar no sólo beneficia al perdonado, también contribuye a la paz espiritual del perdonante y, por ende, a la paz de la sociedad, permitiendo que las energías positivas fluyan armoniosamente, lejos de revanchismos y venganzas.

Filosofías y religiones de oriente y occidente, desde el budismo hasta el cristianismo, han recomendado la práctica del perdón como medio de alcanzar la sabiduría y la felicidad; un primer paso en la ascensión al Monte Carmelo de la Perfección, que diría San Juan de la Cruz.

Aprender a perdonar

Vivir el presente, aceptando el pasado y mirando hacia el futuro; perdonar extirpa el rencor y la ira de nuestros corazones y abre un camino ante nosotros sin lastres inútiles.

De igual forma que curamos nuestras heridas físicas hasta su cicatrización, hemos de procurar que nuestras heridas emocionales dejen de sangrar; y la hemofilia de nuestro espíritu es el resentimiento. Renuncia a él, sólo te producirá dolor.

Toma conciencia de tu libertad de elección. El rencor que te quema el alma no es un factor externo a ti, es un daño que te estás autoinfringiendo y del que tú mismo te puedes liberar. No seas esclavo de tus pasiones, elige la libertad.

Pero no te limites a las palabras, perdona de corazón. A las palabras se las lleva el viento y tu corazón siempre va contigo. Perdona de verdad. Permite que tus sentimientos negativos se vayan sin ponerles trabas. Eso es saber perdonar.

Cómo perdonar

Empatiza, ponte en el lugar de quien te haya ofendido, intenta comprenderlo. La empatía es el toque divino que, paradójicamente, nos humaniza. Es la base de nuestra civilización, incluso la base de nuestra especie, lo que la hace especial.

Ya los filósofos griegos decían que no existe la maldad, sólo existe la ignorancia, que es una especie de ceguera espiritual. Pregúntate cuáles han sido las circunstancias vitales de tu ofensor, su trayectoria, las circunstancias que le han llevado a tener los ojos del alma tan velados que le incapacitan para ver el daño que ha causado. No lo justifiques, justificar no es perdonar; compréndelo y, si puedes, intenta quitarle el velo. No siempre lo conseguirás, pero lo habrás intentado y tu conciencia te lo agradecerá.

Comprender es perdonar, el perdón es de sabios y, como también decían los sabios griegos, la sabiduría va pareja a la felicidad.