¿Qué es el séptimo continente?

Al ritmo que lleva la humanidad, el mar, el medio natural tan querido y amado por Miraestels, tiene los días contados. Toda su riqueza biológica y su belleza natural puede verse amenazada.

Imagina uno de esos futuros distópicos de las películas: La tecnología cubre toda la superficie del planeta, los cultivos son gigantescas jaulas-invernadero con plásticos transparentes, los bosques son de metal y vidrio, los mares están cubiertos de desechos plásticos… Y nuestro Miraestels se bambolea entre botellas y desechos, en lugar de observar las estrellas escuchando las gaviotas y sintiéndose acariciado suavemente por la fauna marina..

Pues ese futuro ya ha comenzado: La basura marina ya no consiste solamente en un par de bolsas que llegan a la playa, hay auténticas islas de desperdicios flotando por el océano.

La isla de plástico

Hace más de 20 años la basura flotante comenzó a alarmar a la comunidad científica. Las mediciones hechas en Alaska y Japón revelaban que las corrientes del Norte del océano Pacífico debían estar acumulando más deshechos de los que se creía dando lugar a tremendas masas flotantes de plásticos. 

Este vertedero oceánico con forma de mancha se encontraba vagando dentro de estas corrientes, como una gran concentración de suciedad humana de 700.000 km² (más grande que toda la península ibérica) rodeada, para más inri, de un enorme mar de basura de 14 millones de km² (mucho mayor que toda Europa).

Tal era su extensión que ya no se podía concebir como una gran isla de basura: Así se comenzó a llamar “el séptimo continente”. 100 millones de toneladas de bolsas de plástico, anillas para latas (six-pack), envoltorios, bandejas blancas de poliespán procedentes solamente de la costa Oeste de Estados Unidos y la costa Este de Asia. Y no sólo perjudican a toda la vida marina y al mayor pulmón del planeta (las algas marinas), sino que se produce justo en medio del peligroso cambio climático que estamos intentando (sin buenos resultados aún) evitar… También son toxicidad se multiplica al estar en el mar.

El plástico en el mar

Los contaminantes marinos son de muchos tipos, no sólo plásticos. Aparte de la acidificación y eutrofización de las aguas, los compuestos orgánicos liberados por la industria se pueden almacenar en estos plásticos, haciéndolos especialmente tóxicos si se ingieren por accidente. Algunos de los geles y lociones exfoliantes, en lugar de llevar materiales naturales, llevan pequeñas esferas de plástico que absorben todos los contaminantes de las aguas residuales y después son tragados accidentalmente por especies marinas que nosotros consumimos. Y no sólo nos contaminan de esos compuestos aromáticos (fenilos, moléculas cloradas, etc.), también producen en ellos una liberación exagerada de hormonas que acaban en nuestro organismo.

Si a eso le sumamos que no sólo absorben esos compuestos cuando están por nuestras tuberías, sino que en el mar los pueden liberar poco a poco, incluidos los propios aditivos tóxicos que se añaden en la formación de plásticos, tenemos una gigantesca sopa que está siendo envenenada poco a poco por nosotros únicamente.

Las otras islas

Para nuestra desgracia, las del Pacífico Norte no son las únicas aguas contaminadas. 

Todas las superficies marinas están acumulando estos desechos día tras día, y ya se han descubierto otras islas de plástico en el Pacífico Sur, en el Océano Índico, y también en el Atlántico Norte, de donde proceden gran parte de nuestros alimentos. 

Pero aún es pronto para arrepentirse: si las leyes medioambientales mejoran e invertimos en la investigación medioambiental, la limpieza aún es posible.

En nuestra mano está que Miraestels no acabe bamboleándose dulcemente sobre un mar de plástico.

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